Espacio de Crianza

No hacer nada es hacer algo

Por: Equipo Educared. 19 abril, 2017

Pocas cosas asustan tanto a padres y maestros como la posibilidad de que los chicos a su cargo pierdan el tiempo, cedan ante el ocio, no hagan nada. A veces da la impresión que lo anterior encarna para los adultos modernos el mayor de los pecados.

Lo he escrito numerosas veces y lo digo cada que puedo: estamos obsesionados por llenar el tiempo de los menores, por verlos acumulando saberes, experiencias, técnicas. ¡El paraíso para quienes organizan y ofrecen talleres! Nos decimos, para justificar el frenesí ocupacional, que vivimos una época competitiva en extremo y que el futuro éxito se comienza a jugar temprano. ¡Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente!

Aunque el asunto se lleva una porción del presupuesto, siempre apretado, no deja de ser práctico ya que mantiene a los chicos en lugares seguros y supervisados, sobre todo ahora que estamos tan ocupados y abundan múltiples peligros en barrios y calles.

Pero imaginemos que somos profesores en tercero de secundaria. Llegamos al aula, nos sentamos, cruzamos los brazos y nos ponemos a mirar el techo en silencio. ¿La reacción del grupo? Probablemente silencio inicial, desconcierto, curiosidad, conversaciones, bulla. En algún momento alguien preguntará algo.

“Chicos, hoy no vamos a hacer nada”, puede ser la respuesta. Quizá haya una explosión de alegría, aplausos, vítores. Aunque es poco verosímil, quizá alguna protesta, algún comentario sobre que nos estamos llevando el sueldo sin dar nada a cambio.

¿Por qué siempre hay que hacer algo?, ¿que sienten ante esa situación?, ¿es posible no hacer nada?, son algunas de las preguntas que pueden surgir. Cuando he llevado a cabo esa actividad sobre la inactividad hubiera querido tener una cámara escondida. ¡Qué apasionadas intervenciones y valiosas reflexiones!

Creo que no hubo nadie que haya sentido que perdimos el tiempo o, mejor dicho, una de las conclusiones fue que a veces hay que saber perder el tiempo para ganarlo, que las pausas son extremadamente valiosas, que las buenas ideas llegan cuando uno menos lo espera y que los descubrimientos ocurren cuando encontramos lo que no estábamos buscando.

En el almuerzo un maestro, que se encargó de la hora que siguió la mía, comentó: “oye estaban súper pilas, concentrados y con ganas de participar como nunca, ¿qué hicieron contigo? Nada”, le respondí.

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