Espacio de Crianza

Cerebros atrevidos

Por: Roberto Lerner. 16 junio, 2016

Son capaces de voluntariado para ayudar a los más débiles o protestar contra lo que consideran injusto. Al mismo tiempo, pueden dejar la plaza donde levantaron sus indignadas voces contra la polución ambiental hecha un chiquero. También, aceptar transgredir alguna norma para no sentirse fuera del grupo o involucrarse en una actividad muy riesgosa por la misma razón.

Los adolescentes —niños XXL o adultos en versión mini— se pasean por la vida en una suerte de recreo aceptado socialmente, aunque ya pueden producir y también reproducirse, ostentando grados máximos de dinamismo y necesidades de sueño igualmente extremas. Casi podría decirse que en un mismo organismo habitan la hormiga trabajadora y la perezosa cigarra de la fábula.

Quienes estamos asustados con las tentaciones que abundan en el entorno adolescente, deberíamos saber que las partes del cerebro que más se desarrollan en ese periodo de la vida son los más sensibles a lo positivo y a lo negativo. En otras palabras, es más fácil atraer con una imagen seductora a chicos de esa edad, pero también generar en ellos rechazo ante una desagradable.

Sumamente atentos a los cambios en el ambiente y a las señales que producen sus pares, sus aprendizajes siempre pasan por la interacción social y rara vez provienen de sermones o conferencias hechos por adultos.

Para los adolescentes, el aprendizaje es más emocionante si produce cambios en el paisaje social, si traduce poder de impacto en lo colectivo, si cuestiona lo presentado como inamovible, si endereza un entuerto, si, en otras palabras, mejora el mundo.

Todo lo anterior los convierte en tomadores de riesgos por excelencia. Obviamente, como en toda conducta humana, también los hay más osados que otros y algunos pueden ser muy conservadores. Pero, en promedio, están más dispuestos que los niños que fueron y los adultos que serán, a probar lo novedoso, lo que produce emociones intensas; pensando al mismo tiempo que la tragedia es para los otros.

Encerrarlos, sobre protegerlos, patologizar aquellas conductas que son el producto de su desarrollo y, al mismo tiempo, permiten resultados deseables a través del ensayo y error, la curiosidad y el riesgo calculado, no son buenas ideas.

Acerca de Roberto Lerner

Soy psicólogo y aunque me preparé para pasar la vida en algún instituto de investigación, terminé siendo una suerte de potpurrí de la psicología: profesor universitario con algunos trabajos académicos, maestro de escuela recalcitrante, psicoterapeuta de niños y adolescentes, especialista en el campo de la intervención en crisis, consultor en recursos humanos, columnista semanal en dos diarios de circulación nacional, conferencista. En fin, sin duda versátil, curioso aunque no sistemático, hiperactivo, lector voraz y con una vocación marcada por la difusión de la ciencia, la popularización de datos e ideas, el establecimiento de puentes.

Comentarios (27)

  1. Todo lo que comunicas en tu artículo lo puedo y estoy comprobando con 4 de mis nietos que están en ese período de sus vidas: de 12, 14, 16 y 18 años. Muy ilustrativo tu artículo y gracias por compartirlo en la Web, recordado profesor.

    • Ey, querida María Teresa, gracias por tu aliento y por hacerme saber que estás, como yo, en la fase de abuela. ¡Qué lindo! Lo mejor y mantengamos el contacto.

  2. Colega Roberto: un placer leerte. En algo nos parecemos en esta búsqueda interminable por ser. Ojalá podamos platicar en persona. Gracias. Un abrazo

    • Gracias, Víctor. Estoy seguro de que compartimos muchas cosas, además, claro, de la profesión. Agradezco tus palabras. Sigamos en contacto. Un saludo.

  3. Lo mejor que podemos aportar es mejorar, aportar ideas y trabajos de experiencias en el bienestar y manejo de la la humanidad, desde el nacimiento hasta superar la adolescencia, con todas sus vivencias y problemas, a veces personales como también el manejo de grupos de jóvenes con buen liderazgo que triunfan, que después conducen a nuestra sociedad a mejores destinos.

    • Gracias, estimado José, por su aporte. Sí, participar, aportar, acompañar, es lo que nos toca para que el mundo sea un lugar mejor. Muchas gracias.

    • Gracias, estimado Paul. Tus palabras me alientan y, sí, es una generación distinta. Un saludo y gracias, nuevamente, por lo que me dices.

  4. Hola Roberto. Muy interesante la nota que escribes. Indudablemente creo que uno de mis hijos (el mayor) tiene las características que señalas. Tiene 3 años pero es un “chiquiviejo”. Nos asombra mucho con sus comentarios, razonamiento y acciones. Y, la verdad, a veces pienso que somos nosotros (papá y mamá) quienes no estamos a la altura. Muchas veces sentimos que la situación se nos va de la mano. ¿Qué nos recomendarías?

    • Hola Karen. Bueno, no me das mucha información acerca de lo que hace o dice tu hijo. Quiero decir, algún ejemplo que me permita orientarte y responder tu pregunta. Lo que no me queda claro es eso de que ustedes no están a la altura o que las cosas se salen de su control. Un niño precoz plantea retos, sin duda, pero, nuevamente, tendrías que proporcionarme una circunstancia de la vida cotidiana para poder hacer una recomendación. No dejes de seguir en contacto conmigo y responder a la pregunta que te hago. Buen fin de semana.

  5. Estoy de acuerdo con lo expresado en el artículo. Explica lo que era contradictorio en el contexto del siglo pasado, pero que es una realidad en el XXI. El aumento de la esperanza de vida (alrededor de 100 años, a diferencia de comienzos del siglo XX que era alrededor de 40/50 años), prolonga/modifica cada una de las etapas: niñez, adolescencia, adultez . El adolescente actual tiene más libertad, referentes (ventanas al mundo) y tiempo para pensar y actuar con atrevimiento.

    • Hola Carmen: aprecio tu reflexión. Es muy cierto que la increíble extensión de la expectativa de vida es una variable crucial para entender muchas de las cosas que ocurren en la sociedad. No solamente nuestros cuerpos no están hechos para vivir tanto tiempo. Nuestra mentes tampoco. Creo que el nuevo ciclo vital ha cambiado. En ese sentido te recomiendo leer los libros de Gail Sheehy, que escribe, justamente sobre ese tema y los hitos de la vida extendida. No dudes de seguir en contacto conmigo. Un saludo y buen fin de semana.

  6. Estimado Roberto. Leo tus artículos en el diario P21 y hoy me alegra ser parte de tu blog. Lo que escribes nos da ideas y soluciones para mejorar nuestro trabajo directivo que lo compartimos con los estudiantes, maestros y padres de familia. ¡Muchas gracias!

    • Hola Elvis. Son palabras de aliento que agradezco enormemente. Saber que aprecias lo que escribo y lo compartes en tu trabajo es muy importante para mí. No dejes de seguir en contacto conmigo y hacerme saber tus inquietudes, críticas y apreciaciones. ¡Excelente fin de semana!

  7. Estimado Roberto. Esta mañana charlábamos con otras colegas sobre nuestros estudiantes y lo que indicas es cierto. Buscan la emoción de saber que transformaron, ayudaron. ¡Cuán difícil se nos hace educar cuando queremos trasmitir teorías, historias, leyes! Son la cigarra a la hora de cumplir deberes, resolver problemas, completar fichas; y la hormiga cuando se trata de organizar una fiesta, una salida de estudio. Tenemos un gran reto como educadores.

    • Hola Juana: ¡qué cierto lo que dices! Agradezco tu aporte. Creo que sí se puede combinar cigarra y hormiga si nos ponemos en el lugar de ellos, nos acercamos a su cultura, participamos de ella. Un saludo y sigamos en contacto.

  8. Estimado maestro: los estudiantes de hoy no son como los de hace 10 años. Ahora son buenos pero más lúdicos y es en eso a lo que debemos apuntar con nuestras estrategias para descubrir sus habilidades y cualidades diariamente. ¡Saludos!

    • Hola Jackeline: es verdad que son más juguetones, lúdicos, horizontales, informales e intensos. No es que antes no hubieran chicos con esas características, sino que las tecnologías actuales las promueven más. Pero estoy de acuerdo: antes que censurarlos o reprimirlos, hay que encontrar las maneras de usar esos rasgos en el proceso educativo. Un saludo y gracias por el aporte.

  9. Creo que describiste a mi hija. Pero, ¿y qué hay del colegio? Para las normas y formas de enseñanza de muchos profesores, esta personalidad en tránsito es algo incomprensible y, por lo tanto, una tragedia para los chicos. ¿Qué hacer?

    • Sí pues, tienes toda la razón. Los adolescentes, lo sé porque he sido profesor de aula de chicos de 14/15, son un reto para las profesores. Pero es un reto que ellos deben resolver. A menos que no me digas que hay una conducta absolutamente inmanejable por parte de tu hija. Si no es así, nuevamente, para eso estudiaron los maestros. No dejes de seguir en contacto conmigo. Un saludo.

  10. Apenas te leo por primera vez y me gustó mucho lo que compartes. También soy abuela y estoy viviendo este cambio que viven los adolescentes de hoy. Tengo cuatro nietos, de 15, 16, y dos de 18. Son muy similares a lo que describes. Me encanta como son y los admiro. Tengo fe en que, bien guiados, los jóvenes en general son una buena esperanza para el futuro. Gracias y seguiré leyendo tus artículos.

    • Hola Julia María: agradezco tus comentarios, me halagan y alientan. ¡Claro que los jóvenes, en general, son un enorme potencial! Admirar, querer y alentar, pero, sobre todo, tener confianza en que, a pesar de obstáculos, dificultades y turbulencias, las cosas van a encontrar su nivel, es muy importante. Si te interesa, escribo una columna semanal en Perú21. La de hoy: http://peru21.pe/opinion/roberto-lerner-se-busca-humildes-2253723
      No dudes de seguir en contacto conmigo. Un saludo.

  11. Estimado Roberto. Gracias por lo que indicas. Soy de provincia y lo que ha descrito es el cerebro de mi segunda hija (17 años). Ya está en Lima preparándose y quiere ingresar a una universidad nacional. Mi primera hija (22 años) estudió acá mismo en universidad particular, está haciendo su tesis para sacar su título en Administración y Negocios. ¿Qué más debo hacer para ayudarlas a alcanzar su objetivo? Económicamente no les falta nada; amor, cariño creo no porque salíamos juntos (hoy ya no muy seguido por la distancia), las abrazo, las beso y les digo que las amo mucho. Veo que mi hija mayor en su tesis tiene tiempo para que pueda trabajar unas horas al día, aunque no le paguen, pero ya debe poner en práctica su carrera. Quizá exagero. Corríjame si es así.

    • Hola Francisco: lo felicito por ambas jóvenes. Por lo que cuenta, en efecto, tienen mucho. Expresar nuestro cariño es importante, como dejarlas que vayan explorando y haciendo su camino. No veo en que podría corregirlo, salvo recomendarle que no piense tanto en el futuro y que goce a las chicas en el presente. Un saludo y no dude de seguir en contacto conmigo.

  12. Este cerebro atrevido está entre el bien y el mal. En este estallido de emociones en medio de la oscuridad y la luz, surge la esperanza y son los niños y jóvenes ostentando grados måximos de dinamismo y necesidades de sueños, capaces de producir y reproducir, tomadores de riesgo por excelencia. Es entonces que los padres debemos entrar a tallar. La orientación de los padres no tiene jubilación. Si lo vemos así no vamos a estar tensos, ansiosos, sino estaremos con la mano estirada, levantado, apoyando, sosteniendo a ese niño, hombre o esa niña mujer, que están transitando por este camino que nos ha marcado Dios para hacer el bien, para servir. Un ejemplo en estos días: esa madre que estaba reparando el uniforme de bombero de su hijo y esperaba que lo recogiera. Espero con mucho gusto conocerlo en Ica y aprender de sus ricas experiencias y reflexiones.

    • Hola. Sí, yo también espero con mucho optimismo mi visita a Ica el día viernes. Le agradezco su interés en estar en la conferencia. Apoyar, saber que somos referentes para toda la vida, es una responsabilidad, pero también un aliciente para padres y maestros. Un saludo.

  13. Cierto lo de la sobreprotección. No es bueno facilitarles tanto el camino. Eso pone barreras a su evolución. Se les acostumbra a tener de todo sin hacer casi nada para conseguir lo que quieren. Después las reactividades que se presentan cuando son adultos, el no quiero pero hago…

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